Ocaso de nuestra eraEstamos al borde de un cambio, ya sea evolución o extinción, y los más fuertes entre nosotros no llevarán halos en sus cráneos. Son las señales en el atardecer de fuego etéreo que circunda la silueta del horizonte con sombras que harían sentir al eterno conmovido. Es la capacidad de dividir el átomo en un espectáculo de luces visible desde el espacio y que los dioses mismos temerían. Los fusiles humeantes y los casquillos vacíos resonando contra el suelo; sin piedad, sin alma, sin remordimiento. Es el magnetismo errante que derrumba las torres del imperio humano en una ráfaga de
Los ninos y la rosasEs como si no hubiese tacto alguno. Las semillas del nuevo mundo prevalecen intactas ante la destrucción inminente. Y heme aquí, sentado, esperando el fin, jugando con el pensamiento en mi cabeza como si pudiese hacer diferencia alguna. No existen rosas que quieran rozar con ésta entidad yaciendo en el suelo frío. Recuerdo alguna vez le dije a una amiga: "las rosas más bellas no son las hechas de piedra." Pero hoy me doy cuenta de que si bien esto es cierto, al menos serán ellas las que sobrevivan mañana y puedan ver el atardecer, tal vez no mañana mismo pero sí en algunos años posteriores cua
-Con resina por favor